Los sueños no son de libertad, son una utopía de justicia social, gracias a la benévola naturaleza humana y no en función de un yugo estatal, ni un estomago lleno preso en las cadenas; ni un corazón libre en el letargo de la inanición. Es cuestión de voluntades; libertad y justicia social. La democracia esta siendo rebasada por antiheroes, sus paredes derribadas, sus cimientos inundados de codicia; sería un buen momento para replantear el rumbo, para ajustar la aguja de la brújula y el engrane maestro de esta sociedad; de buenos sentimientos y gran voluntad.
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